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COVID-19: IMPACTO EN POBLACIÓN PEDIÁTRICA

Como todos sabemos, el virus SARS-CoV-2 fue el causante de la pandemia en el 2020 y se trata de un virus respiratorio que también puede afectar a los/as niños/as.


El espectro clínico de COVID-19 es amplio, en la mayoría de los casos en pediatría se presenta como una enfermedad asintomática o con síntomas leves.

Si bien los/as niños/as de cualquier edad se contagian fácilmente el virus y pueden transmitirlo de forma eficiente en su entorno familiar, social o escolar. La probabilidad de sufrir COVID-19 sintomático, especialmente en su forma grave, es notoriamente más baja que en adulto/as. La razón no se entiende por completo, pero parece tener que ver con diferencias en el funcionamiento y la madurez del sistema inmunitario en los/as niños/as pequeños/as en comparación con los adultos/as.


A pesar de esto, como veremos más adelante la COVID-19 también puede cursar con formas graves en los/as niños/as y asociarse a la aparición de trastornos crónicos, como por ejemplo diabetes.


IMPACTO DE LA COVID-19 EN POBLACIÓN PEDIÁTRICA

Aunque los datos iniciales referentes a casos, complicaciones y muertes llevaron a considerar que la COVID-19 tenía bajo impacto en la población pediátrica, los datos actuales muestran que la infección causa efectos indeseables directos e indirectos en los/as niños/as desde el punto de vista clínico, social, educativo, emocional y familiar.


Para diciembre de 2022 se reportaron a nivel mundial al menos 15 millones de niños/as infectados por SARS-CoV-2, la mayoría de ellos/as con un curso clínico leve y con una mortalidad baja, aunque no despreciable, del 0,1% sobre todo en niños/as con enfermedades de base.


A pesar de esto, en Estados Unidos en el 2022 la COVID-19 fue la primera causa de muerte por enfermedad respiratoria en niños/as. El porcentaje de hospitalizaciones y la tasa de mortalidad sigue siendo significativamente menor en pediatría comparado con los adultos/as, pero tienden a ser superiores que las causadas por otras infecciones inmunoprevenibles típicas de la infancia como influenza, tos ferina, hepatitis A, rotavirus, varicela, entre otros.


Para América Latina los/as menores de 18 años representan menos del 5% del total de hospitalizaciones por COVID-19. La mortalidad ha sido baja en la mayoría de los países de la región, afectando fundamentalmente a los/as menores de 1 año.


Como se dijo previamente, el SARS-CoV-2 causa un cuadro clínico leve en niños/as, con fiebre, cefalea o irritabilidad, tos, dolor de garganta, pérdida de olfato y alteración del gusto.


Además de la infección aguda leve, similar a otros cuadros virales, la COVID-19 se ha asociado al desarrollo de una serie de condiciones luego de la infección como el síndrome inflamatorio multisistémico en niños/as (por sus siglas, MIS-C), complicaciones autoinmunes (desde condiciones neurológicas hasta el desarrollo de diabetes mellitus tipo I) y COVID prolongada.


Veamos un poco más en detalle estas complicaciones.


El síndrome inflamatorio multisistémico en niños/as (MIS-C) asociado a COVID-19: ocurre en el 0.1% de los/as niños/as que se infectan puede requerir ingreso en cuidados intensivos en hasta el 68% de los casos para recibir ventilación mecánica o inotrópicos. Es importante remarcar que la mayoría de los/as niños/as que padecen esta complicación son previamente sanos/as.


Se observan alteraciones a nivel cardiaco. Las más comunes son la insuficiencia de la válvula mitral, alteraciones en la pared del ventrículo Izquierdo y de las arterias coronarias. Es muy infrecuente ver esta forma de presentación en la actualidad, se observó al comienzo de la pandemia, previo a la incorporación de las vacunas pediátricas.


Debut diabetes mellitus: se ha descrito que la incidencia de diabetes es 31% mayor para los/as que tuvieron COVID-19 comparado con los/as que no la padecieron. Los/as menores de 18 años con COVID-19 tienen más riesgo de desarrollar DBT luego de 30 días de haber contraído la infección comparado con los/as que no tuvieron COVID-19 y los/as que cursaron otras infecciones virales.


Complicaciones neurológicas: son más comunes en los/as niños/as hospitalizados/as, y más frecuente si además tenían SIM-C. Los/as niños/as de mayor edad y con condiciones pre-existentes presentaron mayor riesgo. Los síntomas más comunes fueron cefalea, convulsiones, mareos, delirios y encefalopatía.


Otra complicación reportada de la infección es el long COVID que ocurre en al menos 5-10% de los/as pacientes pediátricos. Se trata de un espectro de manifestaciones multisistémicas que persiste por varios meses después de la infección inicial. Si bien las manifestaciones son más frecuentes en aquellos/as con formas agudas sintomáticas o severas, también se han descrito en niños/as con cuadros asintomáticos o que cursaron la infección con pocos síntomas. En general, no duran más de 3 meses, pero pueden prolongarse en algunos casos.


Entre los síntomas descritos en pediatría se encuentran la fatiga, sensación de falta de aire, malestar general, disfunción cognitiva, impacto en actividades diarias como asistencia, desempeño escolar y socialización con pares entre otros. Una de las principales preguntas que nos hacemos es cómo prevenir la aparición de esta complicación, que tiene un gran impacto social, económico y en la salud mental de los/as niños/as que lo padecen.


La vacunación parece ser la mejor herramienta, ya que hace que la infección afecte menos a los órganos y por lo tanto la enfermedad tiene un curso más leve, menos duración de los síntomas y menor riesgo de COVID prolongada. Además, un sistema inmune con una respuesta más robusta gracias a la vacunación tendría mayor posibilidad de combatir el virus y deshacerse de partículas virales más rápido, disminuyendo la inflamación crónica y por lo tanto la persistencia de los síntomas.


La vacunación se presenta entonces, junto con otros factores (como por ejemplo no padecer enfermedades de base, buena función del timo y de todo el sistema inmune, microbioma etc), como un factor protector para prevenir la COVID prolongada.


Recordar también que los/as recién nacidos/as pueden contagiarse COVID-19 durante el trabajo de parto o por exposición a cuidadores enfermos después del parto. La infección conlleva más severidad en la madre embarazada: ellas tienen más riesgo de necesitar ingreso a cuidados intensivos, ventilación mecánica, terapia de reemplazo cardiovascular y preeclampsia.


Además los/as recién nacidos/as de estas madres tienen más riesgo de ser prematuros, mayor mortalidad fetal, abortos, anormalidades congénitas y bajo peso al nacer. Por esto es muy importante la vacunación contra COVID-19 en las embarazadas, junto con otras vacunas como por ejemplo gripe, tétanos, tos convulsa y la recientemente incorporada a nuestro calendario nacional de vacunación contra el virus sincicial respiratorio (VSR). En el caso de la vacunación para COVID-19 en la embarazada, se ha demostrado que protege de las complicaciones tanto al/la recién nacido/a como a la madre.


IMPACTO DE LAS VACUNAS

Las vacunas contra la COVID-19 han demostrado ser efectivas para evitar la infección por el SARS-CoV-2 tanto a corto plazo como para sus complicaciones más tardías. El impacto favorable de la vacunación ha sido confirmado tanto en adultos/as como en niños/as a nivel global.


Las recomendaciones de las sociedades internacionales de pediatría e infectología están basadas en que el beneficio de la vacunación supera ampliamente los potenciales riesgos y, aún cuando las personas vacunadas se puedan infectar, el cuadro clínico tiende a ser más leve, con menor posibilidad de manifestaciones prolongadas y con desarrollo de una inmunidad potencialmente más robusta y duradera tiene efectos positivos en el desarrollo de sus complicaciones e incluso en la transmisión entre otros niños/as.


Una de las principales razones para inmunizar a los/as niños/as contra SARS-CoV-2, es prevenir complicaciones, dentro de las cuales el MIS-C es una de las más importantes. Posterior a la introducción de las vacunas inicialmente en adultos/as y después en adolescentes y niños/as, la incidencia del MIS-C ha ido disminuyendo paulatinamente en muchos de los países del mundo y Chile ha sido uno de los primeros países en reportar dicho impacto de la vacunación sobre esta complicación.


De particular importancia es promover la vacunación de los/as niños/as inmunosuprimidos/as y de los/as que tienen otras condiciones relevantes de riesgo (obesidad, diabetes, asma, enfermedad cardíaca congénita, afecciones genéticas, trastornos que afecten al sistema nervioso o al metabolismo) ya que ellos/as son los que más tendrán complicaciones, hospitalización y riesgo de muerte si adquieren la infección.


Las vacunas contra la COVID-19 basadas en la plataforma tecnológica de ARNm, han demostrado ser las más eficientes para evitar la infección del SARS-CoV-2 a corto plazo, y la enfermedad relevante, a más largo plazo. Tienen la ventaja, además, de poder ser elaboradas con mayor prontitud y ajustadas a las variantes virales que vayan surgiendo en el tiempo.


CONCLUSIONES

La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda la vacunación contra la COVID-19 como una herramienta de prevención primaria fundamental. La vacuna contribuye a reducir la circulación viral, las hospitalizaciones y las muertes relacionadas con la COVID-19. Es cierto que no son 100 % eficaces para prevenir la infección, y que la acción de la vacuna no es inmediata ya que se requieren al menos 2 semanas para lograr las defensas adecuadas y estar protegidos. Es importante también recibir todas las dosis, incluyendo los refuerzos para alcanzar buen nivel de anticuerpos.


La evidencia de los millones de niños/as y adolescentes que han sido vacunados demuestra que las vacunas contra la COVID-19 reducen el riesgo de infección y de enfermedad grave.


Después de que los estudios clínicos demostraran que las vacunas eran seguras y eficaces en adultos/as, se realizaron estudios con miles de niños y no se detectaron problemas graves de seguridad. La evidencia es clara y el beneficio de una mayor protección contra la enfermedad grave o la muerte supera con creces el riesgo de efectos secundarios graves.


Entidades regulatorias como la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) en la Argentina, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), junto con expertos/as independientes en materia de seguridad, siguen vigilando de cerca la seguridad de las vacunas.


Recordar que si bien se recomienda en nuestro país la vacunación en todos los/as mayores de 6 meses, hay ciertas afecciones médicas podrían aumentar el riesgo de un niño/a de padecer una forma grave de la COVID-19 por lo que debe priorizarse la vacunación en ellos/as, además de los/as menores de 1 año que tienen un mayor riesgo de enfermarse de gravedad con la COVID- 19 que los/as niños/as mayores.


Autores: Asesoría Científica. Área médica. Equipo Ciencia.


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